Decirle adiós a nuestra mascota cuando estás lejos

Decirle adiós a nuestra mascota cuando estás lejos

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Que se muera tu peludo cuando andas lejos es la peor pesadilla de un viajero. A mi me pasó en abril mientras estaba en Vietnam y desde hace rato he querido escribir este pequeño post dedicado a mi gatita que se que está en un lugar más feliz, cazando cucarachas cubiertas de carne donde no existan los fuegos artificiales.

Era la cosita más chiquita, indefensa y triste que había visto en mi vida.

La encontré en un grupo de Facebook en el 2015 cuando me fui a vivir a la capital de Guanajuato. Unas chicas habían rescatado una gatita en la calle y estaba lastimada. Cuando fui por ella me dijeron que se la quitaron a unos niños que le echaron gasolina en la cola y le prendieron fuego.Pobrecita, no entiendo como puede haber gente tan mierda. La llevaron al veterinario y le tuvieron que amputar la cola, pero le dejaron un pedazo de hueso salido.

Estas son algunas fotos que tomé el primer día que vino a vivir conmigo. Su pelo era un desastre y como ven en la foto tenía un pedazo de cola a carne viva. Me dijeron las chicas que la veterinaria les dijo que eventualmente piel le crecería al rededor. Pero después de varios días vi que se lamía mucho su herida y le seguía saliendo sangre. Entonces la llevé a otro veterinario y me dijo que ni de chiste «se regenera la piel», que de milagro no se había infectado. Me dijo que habría que quitarle ese hueso y me acuerdo que me puse a llorar por que no tenía dinero para la operación. Pero la veterinaria entendió mi situación y me cobró casi nada. Así como hay basura humana, también existen ángeles.

Como logró sobrevivir al fuego y amo Game of Thrones, le puse Khaleesi. Para los que no saben, es un personaje que es inmune al fuego… y también es mamá de 3 dragones. Khaleesi, aunque también le decía de cariño «gatita» (sip, muy original) siempre tenía mucho miedo. No soy veterinaria pero creo que no es muy difícil llegar a la conclusión que cuando un ser vivo sufre una experiencia traumática se vuelve muy inseguro. Leyendo foros también se vuelven agresivos e incluso se deprimen. Khaleesi sólo huía de todo, cualquier pequeño ruido era básicamente el fin del mundo. No se pueden imaginar su terror cuando tronaban cohetes (fuegos artificiales). Pero yo era como su mamá. Si yo estaba ahí, todo estaba bien. Se ponía a jugar, saltaba y comía mucho. Cuando llegaban mis compañeros de cuarto salía disparada a esconderse. Hasta me decían que estaba loca y había alucinado adoptar un gato jaja. La casa era de 3 pisos y la sala estaba hasta abajo. Me acuerdo que cuando tenía compañía y estábamos en el primer piso, se asomaba muy poquito desde la última escalera, sin que nadie se diera cuenta (según ella) y nos espiaba. Si me tardaba mucho en subir se ponía a maullar, otra vez, como si fuera el fin del mundo.

Por lo mismo que era una gatita de calle, Khaleesi comía de todo. Más de una vez llegó a arrebatarme una lechuga y jitomate. Ni podía entrar al baño sin que mi gatita empezara a llorar para que le abriera. Obviamente se dormía en mi cama pero como toda gato, empezó a crecer y prefirió su propio espacio… que también era al lado de mi cama. Lo mejor fue cuando descubrió el lavamanos. Fue como llevarla a Disneylandia cuando aprendió que del grifo salía agua. Era mi compañera de cepillado de dientes y cuando hacía del baño tocaba el grifo con su patita para que le abriera la llave.

Siempre estaba de chismosa en la pantalla de la computadora. Se volvió loca cuando descubrió el puntero del ratón. 

Así se accurrucaba al lado de mí cuando trabajaba en la computadora. A veces se quedaba dormida.

Después de seis meses regresé a vivir a casa de mis papás. Ellos tienen una gata que se cree reina de la primavera y odió a mi pobre Khaleesi. Además tienen 4 perros y mi gatita en su vida había visto un perro. Casi le da un paro cardiaco cuando conoció al gigante viejo pastor inglés de mis papás y ni se diga del pastor alemán. Entonces vivía conmigo en el cuarto de visitas, que está separado de la casa, en lo que preparaba mi viaje para ir a Japón y el Sudeste Asiático. Khaleesi se iría a vivir con mi hermana, en lo que yo estaba de viaje. Mi hermana era la mejor candidata para cuidar a mi gatita ya que por alguna razón Khaleesi se sentía cómoda con ella, además es muy buena con animales. Estando en el cuarto de visitas pasamos mucho tiempo juntas, ahí le enseñé a sentarse y a dar la patita. ¿Alguna vez habían visto a un gatito hacer trucos? Bueno pues así de inteligente era mi señorita. Miren este es un video de nosotras:

Después de estar ahí unos meses, Khaleesi empezó a dejarle de tener miedo a los perros. Estaba feliz pero se dio cuenta que yo era muy mala cazadora entonces me traía muy seguido cucarachas a la cama. Cuando leía le gustaba recordarme donde me quedaba. Llegó un punto que se salía del cuarto y se metía al espacio donde vivía el pastor alemán, quien por cierto ni la pelaba. Al poco tiempo andaba por el jardín y poco a poco empezó a entrar a la casa. La gata de mis papás puso el grito en el cielo y siempre que se veían se querían matar. Leí mil consejos en internet y le pregunté a amigos sobre como juntar gatas que se odian y nada funcionó. Simplemente se odiaban.

Ya casi acaba esta historia. Llegó el momento de irme y Khaleesi estaba más cómoda que nunca en casa de mis papás, pero aún así se la llevó mi hermana a su departamento. Al parecer le costó un poco adaptarse pero poquito a poquito se sintió en casa. El problema fue que mi hermana se tuvo que ir de ese departamento y en ninguno la aceptaban con mascotas, entonces tomamos la decisión de que viviría en casa de mis papás y mantendrían a las peleoneras separadas.

No hizo falta, nunca se llevaron bien pero ya no se peleaban cada que se veían. Khaleesi se sentía tan cómoda que empezó a salirse sola al jardín. Un día mis papás la escucharon maullar y la encontraron en el jardín del vecino, por suerte sus perros no estaban. El problema es que como no tenía cola no podía brincar mucho. La cosa es que un día no regresó.

Nunca se me va a olvidar lo mucho que lloré cuando contesté la llamada esa mañana de abril en alguna montaña del norte de Vietnam. Era mi papá para decirme que mi gatita se había salido hace 4 días. Habían puesto letreros por todo el fraccionamiento y por fin alguien la había encontrado cerca de la casa muerta. Mi hermano me dijo que no había ni heridas ni sangre. Que tal vez comió algo venenoso. Pero no pude dejar de pensar, ¿y si salió a buscarme y en su desesperación se murió? Imaginármela sola, en la noche, con hambre y llorando no me dejó dormir por semanas. Mis papás no la dejaban salir, pero es una casa grande con muchas ventanas. Es básicamente imposible que no saliera, además siempre salía y siempre regresaba. No se que le pasó. Sólo espero que haya muerto rápido y no me haya odiado. Yo se que la abandoné y eso hasta la fecha me da mucho remordimiento. Eso si, no la dejé en malas manos y estoy segura que fue muy feliz el tiempo que pasamos juntas. Que bueno que yo la cuidé y no se quedó en manos de esos imbéciles que la quemaron. La extraño mucho y se que está en un lugar feliz.

Superar la muerte de nuestras mascotas es de lo más doloroso en esta vida. Me la pasé mal después de eso pero pasó algo raro. Estando en Vietnam renté una moto y fui a recorrer la frontera del país. De alguna manera las montañas y el paisaje curó mi pena. Claro que hasta la fecha la extraño pero algo pasó en esas carreteras que logré entender que no somos dueños de la vida de nadie, ni de un ser. Nunca sabré por que se fue, y es verdad tal vez si nunca me hubiera ido ella todavía seguiría aquí. Pero es imposible vivir la vida indagando en lo que pudo haber pasado y buscar culpables. Esa gatita vivió como una reina el tiempo que estuvo conmigo, y en vez de llorar por que se acabó, mejor reír y celebrar por lo que pasó. Eso es algo más real que llorar por suposiciones y culpas. Los dos años que pasamos juntas ella me hizo muy feliz y eso siempre se lo voy a agradecer. Pero la verdad, si pudiera pedir un deseo, me encantaría poder abrazarla una última vez. Así que después de leer esto ve corriendo con tu amigo de cuatro patas y dale un buen abrazo, por que la vida es corta y se van cuando menos lo piensas.

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2 comentarios

José Luis Partida Arias diciembre 19, 2017 - 2:54 am

En mi penúltimo semestre de la universidad apareció un diminuto gato gris en el patio de la facultad, no se porque algunos estúpidos compensaron a jugar futbol con el como pelota. lo tome lo puse en mi bolsa de lapices y paso así las horas de clase. Jajajaja nadie comento nada (lo bueno de defender siempre lo que creo) llegue muy noche a casa, mis clases terminaban a las 22.30 y sorpresa solo tenia un poco de jamón con el que lo alimente. con el tiempo Asmodeo fue un hermoso gato. en ese tiempo se usaba presentar trabajos en mecanografía por lo que mi maquina olivetti siempre sobre la mesa del comedor que así de escritorio para en las noches y fin de semana hacer las tareas. Mi sorpresa fue encontrar todas las teclas oprimidas un día… y los siguientes igual. hasta que lo encontré escribiendo 🙂

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Zorro Nómada diciembre 23, 2017 - 4:43 am

Nunca voy a entender como puede haber gente tan maldita que maltratan a animales! Pero que bueno que lo rescataste :). ¿Y de que escribía Asmodeo?

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